Agónica espera de las redadas contra ilegales en EE.UU.

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En el inicio de una campaña de redadas para arrestar a inmigrantes sin papeles anunciada por Donald Trump, el gobierno de Estados Unidos ha reforzado el personal en centros de detención y ha abierto uno nuevo con capacidad para 2.500 camas en la frontera misma de Texas con México, justo al lado de donde el año pasado abrió un campo para menores.

El vicepresidente norteamericano visitó el viernes dos de esos centros de detención en Texas donde vio a adultos detenidos tras rejas de metal. Los periodistas que acompañaron a Mike Pence informaron después de que los «sin papeles» gritaban «no shower» («no hay duchas») y que el olor en aquellas instalaciones era nauseabundo. El vicepresidente admitió luego que el sistema migratorio estadounidense «está completamente sobrecargado».

Según ha revelado el diario norteamericano «The New York Times» las redadas de inmigrantes irregulares comenzarán hoy en 10 ciudades: Los Ángeles, Houston, Denver, Miami, Nueva Orleans, Nueva York, Baltimore, Chicago, Atlanta y San Francisco. Todas menos Miami tienen alcalde demócrata, y la policía local de la mayoría de ellas ha recibido órdenes de no cooperar con las redadas.

La policía de Washington, capital federal, se ha tomado la molestia de emitir en redes sociales mensajes de vídeo en ocho idiomas diferentes aclarando que los agentes municipales no están obligados a pedir documentación migratoria.

En un principio, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos tiene orden de detener a unas 2.000 personas a las que se ha negado la residencia y contra quienes los juzgados han dictado orden de deportación.

Las iglesias, abiertas
Iglesias de toda la geografía norteamericana, católicas y protestantes, han abierto sus puertas para acoger a esos inmigrantes y sus familias, en un intento de impedir su detención. Organizaciones humanitarias de todo tipo han organizado vigilias y miles de personas acompañarán a los inmigrantes indocumentados en las agónicas horas previas a las redadas.

El presidente, sin embargo, mantiene firme el rumbo iniciado cuando llegó a la Casa Blanca y ayer lanzó una campaña de recogida de firmas para exigir al Congreso, una de cuyas dos cámaras controlan los demócratas, que apruebe una ley para deportar de forma automática a quienes estén en el país de forma irregular, sin tener que pasar por los juzgados.

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