El alto el fuego en Libia obliga a dar un paso atrás a Turquía y Rusia

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La conferencia para Libia
, reunida este domingo en Berlín, llegó a un acuerdo sobre un documento conjunto en el que los aliados internacionales del Gobierno libio respaldado por la ONU y las fuerzas rebeldes de Jalifa Hafter se avienen a hacer efectivos tanto el alto el fuego iniciado hace una semana como el embargo de armas decretado por Naciones Unidas.

El documento final, que incluye un compromiso para el desarme y desmovilización de las milicias, así como sanciones concretas en caso de incumplimiento del alto el fuego, reúne a los 16 participantes en torno a dos importantes consensos: que no hay una solución militar para el conflicto y que es necesario emprender un diálogo político.

Los bandos enfrentados han accedido a aportar cinco nombres cada uno para la creación de un comité libio que tratará de tomar decisiones conjuntas bajo auspicio de la ONU sobre problemas de seguridad, reconstrucción y asuntos humanitarios. Esta comisión comenzará a trabajar a principios de febrero y se reunirá en los próximos días en Ginebra para sentar las bases concretas de un acuerdo de alto el fuego definitivo.

«Lo más importante es que los representantes libios, en particular el general Haftar y al Serraj hayan pactado los próximos pasos a seguir, propuestos por el secretario general de la ONU», destacó la anfitriona, «hemos acordado un plan integral de resolución y un proceso muy vinculante, fijado a numerosas comprobaciones. Al final de este proceso, el pueblo de Libia podrá finalmente recuperar sus derechos, el derecho a una vida pacífica».

El acuerdo sellado este domingo, en la Conferencia organizada por el Gobierno alemán y la ONU, fue firmado tanto por el presidente del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) de Libia, Fayed al Serraj, apoyado por Turquía
, como por el jefe del Ejército Nacional Libio (LNA), Jalifa Hafter, respaldado por Rusia. «Se puede decir que esta Conferencia de Libia hace una importante contribución a los esfuerzos de paz de la ONU», aseguró la canciller Merkel, volcada en una actividad diplomática con la que pretende centrar lo que queda de su última legislatura en asuntos internacionales al tiempo que contribuir a evitar una nueva ola de inmigración, consecuencia del inminente recrudecimiento del conflicto.

Está por ver la efectividad del esfuerzo. Pocas horas antes de la Conferencia de Berlín, fuerzas leales a Jalifa Haftar bloquearon los principales terminales petrolíferos del este de Libia, prácticamente la única fuente de ingresos del país, en una demostración del poder real de las tribus y jefes locales que apoyan a Hafter pero que tienen intereses propios.

«Un camino difícil»
Merkel se mostró esperanzada en que la vía política se abra paso. «No hay posibilidad para una solución militar, necesitamos una solución política, y en esto han estado de acuerdo por primera vez todos los actores relevantes en este conflicto, nacionales e internacionales», dijo, ahora cuentan con un plan «comprensivo» y «vinculante» que «no soluciona todos los problemas», pero da un «impulso» hacia una solución diplomática. «No me hago ilusiones; será un camino difícil», reconocía Merkel, que también admitía que los dos grandes rivales, al Serraj y Hafter, han estado presentes en Berlín, pero no han aceptado estar en la misma habitación y mucho menos sentarse a la misma mesa.

«Sabemos que es un gran reto», dijo António Manuel Guterres, secretario general de la ONU, «lo primero necesario para avanzar en la normalización es que sea respetado el alto el fuego y el acuerdo de hoy garantiza que las partes se ocuparán de ese punto».

Merkel recalcó que el embargo de armas debe ser «fuertemente controlado» para su cumplimiento y que el conjunto de este acuerdo, para que tenga validez internacional, debe ser ahora aprobado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

El documento apuesta por una tregua «duradera» y «verificable» e insta a todos los actores a cumplir de forma «unívoca» con el embargo de armas. También se les exige no contribuir a la escalada del conflicto con ningún otro tipo de actividad.

Asimismo, defiende que la solución a la crisis sólo puede pasar por un proceso político que debe estar controlado y liderado por los libios, lo que supone implícitamente un paso atrás de Turquía y de Rusia.

Además, se insiste en la necesidad de mantener la unidad de Libia, su integridad territorial y su soberanía nacional. «Se trata sin duda de un éxito de la vía diplomática que siempre hemos defendido», valoró el ministro de Exteriores alemán Heiko Maass, que subrayó que la conferencia tiene un carácter inédito por haber logrado reunir por primera vez, tras años de conflicto armado, a todos los actores nacionales e internacionales involucrados en Libia.

Líderes mundiales
Acudieron el presidente francés, Emmanuel Macron; el ruso, Vladímir Putin; el turco, Recep Tayyip Erdogan; el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, y el británico, Boris Johnson, así como el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, y el presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi.

El mariscal Hafter cuenta con el respaldo de Putin, Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, mientras que París y Washington le apoyan políticamente. El GNA de Al Serraj, por su parte, está política y financieramente apoyado por la UE, la ONU, Italia y Catar, y ha estado recibiendo respaldo militar de Turquía, en violación del embargo de armas.

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