El calvario de Mariajo Pons

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Escribir una nota, recogerse el pelo en una coleta o retener una moneda en el puño de la mano son gestos tan cotidianos como imposibles para Mariajo Pons, portera del Espanyol femenino hasta que el club catalán decidió rescindir su contrato ante la imposibilidad de poder desempeñar su trabajo por una lesión mal curada en la mano. Más allá de la falta de tacto o una cuestionable falta de ética por parte de la entidad blanquiazul, subyace el precario estado del fútbol femenino, que está muy lejos de los niveles de profesionalidad que se le presuponen. La evolución sobre el terreno de juego es inversamente proporcional en el campo de los derechos personales y profesionales, donde la seguridad y la igualdad brillan por su ausencia.

Mariajo Pons es el ejemplo que ilustra estas carencias. La guardameta denuncia un despido que considera injusto y lamenta sentirse desprotegida tras sufrir una lesión vistiendo la camiseta perica. Todo comenzó el pasado 2 de septiembre de 2019 en un entrenamiento. Sufrió un arrancamiento de la falange distal del tercer dedo de la mano derecha, lo que la obligó a pasar por el quirófano. Lo que parecía una lesión pequeña para los especialistas se convirtió en algo más grave. El hueso se había desplazado. «Me operaron el 2 de octubre. Debía estar dos o tres meses de baja y ya voy para once meses y sigo estando de baja. No puedo jugar a fútbol, tengo un dedo torcido y mucho dolor. Mi mano no es funcional. Hay movimientos que no puedo hacer», se queja Pons.

La mano no mejoró y todo pasaba por una nueva operación que no pudo llevarse a cabo. «La situación estaba peor que antes de operarme, con un dedo torcido y dolor. Me avisan un lunes de mayo para operarme el miércoles, en pleno confinamiento. No podía quedarme a cargo de mis padres, que están en situación de vulnerabilidad porque además yo había dado poco antes positivo por Covid en un test. En la mutua me amenazaron con que me operaba o me daban de alta», denuncia la portera.

Mientras todo esto iba sucediendo, Mariajo recibe una propuesta por parte del club: ceder su ficha federativa para que otra jugadora ocupe su puesto mientras se recupera a cambio de ampliar un año más su contrato. Lo que no se esperaba es que el Espanyol decidiera ignorar ese acuerdo y despedirla. «Me dijeron que me buscara la vida después de la lesión. Yo estaba renovada. Y más tarde me llamó el director deportivo para decirme que había que rescindir el contrato y me ofreció 3.000 euros como concepto de compensación. Hablé con mi abogado, intentamos pactar y hemos tenido que presentar una demanda judicial. Después de vivir un calvario de tantos meses, estoy con una lesión de la que se desentienden y lo que me dicen es que me aclare con la mutua», lamenta la jugadora, que tras reprobar la conducta del club, añade: «Al Espanyol le reclamo el contrato entero y que se hagan cargo de la recuperación de la mano. Que tenga una extremidad con la que pueda hacer una vida normal. Ahora solo tengo un 20 por ciento de movilidad».

Esa operación cuesta 10.000 euros que asegura no poder gastarse. «Yo no cobro millones y no me puedo costear una operación así. No soy como un futbolista que viaja a Alemania a operarse. Es algo de lo que debe hacerse cargo el club porque me lesiono trabajando para él. Es algo ético pero también hay una vulneración de los derechos. Me echan sin ningún tipo de motivo ni explicación».

La defensa del Espanyol
Las acusaciones de Mariajo han sido recogidas por el Espanyol, que ha querido defenderse públicamente. «Con fecha del 6 de julio de 2020, y en situación de alta médica desde el pasado 18 de mayo, el club decide resolver el contrato de la jugadora por motivos estrictamente deportivos, tal como se le notifica personalmente, igual que se ha hecho con otras jugadoras», asegura la entidad. El Espanyol dirige toda la responsabilidad hacia la mutua cuando añade que «por lo que hace referencia a a la lesión de la mano derecha que sufrió durante un entrenamiento, el Espanyol entiende que lo que argumenta forma parte de un litigio que la jugadora mantiene con organismos públicos ajenos a nuestro club. El alta médica que acredita su situación actual fue emitida por la mutua laboral que la trató y, posteriormente, ratificada por el organismo con la máxima competencia medica en Cataluña».

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