La reinvención de Rudy Fernández: gimnasio propio, yoga y vida familiar

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Pasan los años y la figura desgarbada de Rudy Fernández (Palma de Mallorca, 1985) continúa anclada a una pista de baloncesto. No se agota el talento del balear, más decisivo que nunca y con un peso específico tan importante que el Real Madrid ha tenido que renovarle al alza para asegurarse que continuara de blanco de por vida. Porque además de los dos años que ha firmado, el alero ha recibido el ofrecimiento para que continúe como embajador del club cuando se retire. Una leyenda más del Real Madrid, con el que ha ganado 17 títulos desde que aterrizó en Valdebebas en 2012.

La renovación hecha pública ayer por el conjunto blanco lleva meses sellada y guardada en un cajón a la espera del mejor momento para sacarla a la luz. Las negociaciones han sido sencillas esta vez, porque Rudy quería seguir y el Madrid quería que continuara. Muy distinto al tira y afloja que ambos protagonizaron en 2018. Si entonces fue el balear el que cedió en sus pretensiones, ahora ha sido el club el que ha reconocido la valía del alero, clave en los éxitos recientes y uno de los destacados en lo que se lleva de temporada. Más allá de sus números, el influjo de Rudy en la cancha es total, líder defensivo del equipo y referencia exterior. Nunca antes había lanzado de tres con tanto acierto (el 45 por ciento de sus triples acaban dentro) y ha resultado decisivo en los últimos títulos.

La mejora de Rudy no es casualidad. Después de años lastrado por las lesiones, los últimos meses han sido benévolos con él en lo físico, consecuencia de un trabajo individual que le ha dado sus frutos. Hace años que el alero comprendió que sus dolores crónicos de espalda no iban a remitir y que debía aprender a convivir con ellos y a mitigarlos en lo posible. Aquello cambió su forma de entrenar, añadiendo cada vez más carga de trabajo fuera de la actividad con el equipo. A las largas sesiones de fisioterapia unió algunas de yoga y de pilates y en los últimos tiempos ha instalado un gimnasio propio en su casa donde realiza de forma habitual ejercicios de recuperación y fortalecimiento. Además, ha variado su alimentación, dando más importancia a los vegetales, para darle más vitalidad a su cuerpo y favorecer la recuperación. Lo que haga falta para alargar su carrera y hacerlo de la mejor forma posible.

Porque si algo tiene claro el balear es que en el momento que el cuerpo diga basta, lo dejará. No quiere arrastrarse por las canchas y, en ese sentido, ya está empezando a encaminar su futuro. Además de su interés por la hostelería -es socio desde hace años del restaurante Tatel, junto a Pau Gasol, Rafa Nadal o Enrique Iglesias-, el jugador ve con buenos ojos desempeñar una labor de embajador del Real Madrid en el futuro, al estilo de lo que hacen otras leyendas del club y como hará Felipe Reyes, el capitán, cuando cuelgue las botas (previsiblemente el próximo verano).

Una década de blanco
Dicen que el destino está dibujado, pero Rudy Fernández varió el suyo de manera radical durante el verano de 2012. Cansado de la NBA, donde no era más que actor de reparto, el balear decidió volver a España. Le tentó entonces el Barça, tan convencido de que el balear vestiría de azulgrana que apenas se molestó en seducirle. La falta de interés por parte de Joan Creus y el proyecto apasionante que le presentó el Real Madrid ese verano cambió su futuro y, quizá, el de buena parte del baloncesto español, que comenzó a teñirse de blanco tras décadas de dominio catalán.

Desde entonces, Rudy Fernández se convirtió en un pilar básico para el Real Madrid de Pablo Laso. Junto a Felipe Reyes, Sergio Llull y Jaycee Carroll forma parte del núcleo duro del vestuario. Los únicos que han vivido toda la reciente época gloriosa de la canasta madridista. Una década prodigiosa que los cuatro quieren alargar con nuevos éxitos. Empezando por este año, en el que ya levantaron la Supercopa y donde caminan líderes de la ACB y con paso firme en la Euroliga, a la espera de una Copa que se les resiste desde 2018.

Un verano complicado con final feliz
Además de en lo físico, Rudy se ha convertido en un experto en gestionar emociones. Su pasado verano es un ejemplo perfecto para entenderlo. Comenzó con la muerte de su abuelo, golpe inesperado al que se unió el aborto de su hermana Marta en avanzado estado de gestación.

Dos mazazos que hubieran hundido a cualquiera y que Rudy utilizó como motivación para luchar con España por el Mundial. Su medalla más emotiva con la selección, con la que acumula ya diez metales en grandes campeonatos. El más laureado y el único español, junto a Marc Gasol, con dos oros en un Mundial.

En el horizonte tiene los Juegos de Tokio del próximo verano, donde podría sumar su cuarta medalla olímpica. Un hito que podría compartir con Pau Gasol si el catalán se recupera finalmente de su lesión.

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