La UE critica la amenaza de Erdogan de enviarle más de tres millones de refugiados

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Toda guerra tiene varios frentes y mientras los soldados de Turquía, acompañados de milicianos del Ejército Nacional Sirio, atacan el norte de Siria, Recep Tayyip Erdogan abrió el frente diplomático para arremeter contra las voces críticas con la operación «Manantial de Paz». Un Erdogan enfadado recurrió a los refugiados sirios para disparar contra Bruselas y amenazó con «abrirles las puertas» para que lleguen a suelo europeo. «¡Eh, Unión Europea! No pueden etiquetar nuestra operación como invasión», defendió el líder islamista antes de asegurar que si la UE no deja de usar este término «abriremos las puertas y enviaremos a los 3,6 millones de refugiados» sirios. Los mismos a los que el presidente piensa realojar en la «zona de seguridad» que quiere establecer a lo largo de la frontera.

Tras la oleada de refugiados sirios del verano de 2015, la UE y Ankara llegaron a un acuerdo por el que los turcos se comprometieron a controlar los flujos de refugiados hacia territorio comunitario a cambio de la liberalización de los visados y un paquete de ayudas de hasta tres mil millones de euros. Erdogan acusó a los europeos de «mentir» y no cumplir con su parte del pacto y denunció la espera de 40 años de Turquía a la espera de poder entrar en el club comunitario. Pese a las amenazas de Erdogan, la alta representante para la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, reclamó el cese de la acción militar turca en el norte de Siria y declaró que «cometeríamos un error si ahora cuestionáramos las ayudas a las agencias internacionales que ayuda a los desplazados y lo vinculáramos a los movimientos militares». Mogherini recordó que «la UE no financia a las autoridades turcas, sino a las agencias internacionales para ayudar a los refugiados sirios».

Por su parte, la ministra de Defensa en funciones, Margarita Robles, subrayó ayer que trasladará a la reunión ministerial de la OTAN del 24 de octubre la preocupación de España por la ofensiva de Turquía, y las posibles repercusiones en del compromiso de España en el despliegue de una batería de misiles Patriot en ese país.

Lo que para gran parte de la comunidad internacional, incluidos compañeros de partido de Donald Trump, es una «invasión», Erdogan lo califica de «operación para eliminar el terrorismo». El discurso del presidente pretendía ganar apoyo y por ello se dirigió directamente a los países de la OTAN, de la que Turquía es miembro, y especialmente a Estados Unidos, porque «no aceptamos que elijáis a una organización terrorista antes que a Turquía». El Gobierno de Ankara considera «terrorista» a las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG), que son las que encabezan las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) que hasta la semana pasada eran las principales aliadas de Estados Unidos en la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI), una lucha que ahora queda en el aire. Las YPG son el brazo sirio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) con quien Ankara lleva décadas en guerra.

Columnas de humo se levantaban ayer en la frontera entre Turquía y Siria. Los bombardeos son intensos, pero también la quema de neumáticos para intentar dificultar las operaciones de los aviones. Los kurdos volvieron a pedir a Estados Unidos la declaración de una zona de exclusión aérea, pero no hubo respuesta y al menos 60 cazas turcos participaron durante el inicio de la ofensiva y penetraron unos 30 kilómetros en un territorio sirio del que salieron decenas de miles de civiles.

Parece claro que Trump no quiere interferir en la operación lanzada el miércoles por Turquía. Los combates se intensificaron a lo largo de toda la frontera y las milicias kurdas respondieron con el lanzamiento de cohetes y morteros contra cuatro poblaciones turcas próximas al muro o verja de separación que dejaron al menos seis civiles muertos -entre ellos un bebé- y 70 heridos. El balance en el lado sirio es de al menos 23 combatientes y 9 civiles muertos, entre ellos dos niños, por los bombardeos aéreos y disparos de artillería, según el Observatorio Sirio de derechos Humanos (OSDH).

Durante toda la jornada el Ejército se dedicó a retirar partes del muro de separación para facilitar el acceso de las tropas, un movimiento que se suele producir al caer la noche. El Ministerio de Defensa en Ankara calificó la marcha de la operación como «un éxito» y aseguró que «solo se están atacando refugios, posiciones, armas y vehículos que pertenecen a las organizaciones terroristas», pero los civiles no opinan lo mismo. La intensidad de los bombardeos sembró el pánico entre la población y más de 60.000 personas dejaron sus casas para buscar un lugar seguro en la provincia de Hasake, alejada de la frontera.

La operación militar ordenada por Erdogan aumenta la cifra de seis millones desplazados internos que ya han causado los últimos ocho años de guerra en Siria, según datos de la ONU, y desde el Consejo de Derechos Humanos del organismo internacional advirtieron de que este movimiento turco «podría traer inseguridad, caos y el riesgo de un resurgimiento del Estado Islámico (EI)».

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