Las españolas pisan fuerte

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La época moderna del deporte femenino español comenzó en Barcelona 92. En esos mágicos Juegos las olímpicas hispanas cosecharon sus primeras medallas y empezaron a ganar un reconocimiento que, con el paso de los años, ha fructificado en el profesionalismo de la mayoría de las disciplinas y en una calidad competitiva que ha llevado a España a los lugares más destacados del panorama internacional.

Como se puede suponer, esto no es casual. Los éxitos llegan con regularidad gracias a los distintos planes ADO y programas de alto rendimiento que se han implantado en las federaciones con la tutela del Consejo Superior de Deportes. Ahora las deportistas de élite disfrutan de becas que les permiten dedicarse por entero a su actividad sin tener que arañarle horas de entrenamiento al trabajo o a los estudios.

Todo esto lo fomentan desde la Subdirección General de Mujer y Deporte del CSD, que busca «la participación de la mujer desde la base hasta la élite; su intervención en las organizaciones deportivas; mejorar los equipos técnicos (entrenadoras y juezas); cuidar el tratamiento que se da en los medios de comunicacion y, por último, prevenir la violencia hacia la mujer en el ámbito deportivo», señala su responsable, Nuria Garatachea. De esta manera, con las deportistas plenamente entregadas a lo suyo, se puede dar rienda suelta a las cualidades que genéticamentre atesoran. «Las deportistas españolas, además de mucha calidad, destacan por su perseverancia y espíritu de sacrificio -reconoce el seleccionador de rugby, José Antonio Barrio- algo que en nuestro deporte está plenamente asumido. Por eso, desde el principio nos situamos en la élite del rugby mundial tanto en la modalidad a quince como en la de siete».

Calidad y trabajo

Los éxitos femeninos ya no sorprenden a nadie, porque se han conjugado a la perfección los talentos naturales con los adquiridos. «Los deportistas españoles atesoran buenas aptitudes para la competición, que unidos al trabajo en equipo de los técnicos y la inversión realizada han sido decisivos en este aspecto», apunta el seleccionador de waterpolo, Miki Oca. Su selección está acostumbrada a jugar finales internacionales y ha reaparecido con fuerzas renovadas en los últimos años, algo que el técnico explica con gran claridad. «El éxito del waterpolo femenino español radica fundamentalmente en varios factores: una generación de deportistas excepcional; unos staff técnicos (entrenadores, preparadores físicos, médicos, fisios, comunicación, etc.) muy cualificados y una inversión pública del CSD y privada de los clubes con una buena sincronización del trabajo de clubes y de Federación».

Así las cosas, se han solucionado la mayoría de los problemas que históricamente acuciaban a las niñas de este país, empezando por uno primordial: la falta de referentes en las que mirarse. Unas heroínas a las que imitar para tratar de alcanzar sus logros. Afortunadamente, ahora las figuras de Mireia Belmonte, Lydia Valentín, Garbiñe Muguruza, Carlota Ciganda, Maialen Chorraut o Teresa Portela estimulan a las jóvenes deportistas para querer seguir sus pasos. Y en cuanto a los equipos, las ligas de fútbol y el baloncesto están llevando miles de espectadores a sus campos y pabellones. Y eso, en vísperas de unos Juegos Olímpicos, empieza a convertirse en una garantía de éxito, pues las españolas se crecen en la alta competición. «Nos estamos acostumbrando mal, a medirlo todo por medallas, pero creo que es igualmente importante ocupar un sitio en la élite mundial, independientemente de los resultados -considera Barrio-. Aunque el rugby no vaya a estar en Tokio 2020 hemos sido campeonas europeas en el XV y estamos en las Series Mundiales de Seven; es decir, que estamos peleando siempre contra las mejores, lo que pasa es que unas veces sonríen más los resultados que otras. Así es el deporte y hay que asumirlo».

«Los Juegos de las mujeres»

Las dos últimas citas olímpicas han sido consideradas «los Juegos de las mujeres», ya que se han saldado con más medallas femeninas que masculinas para España. Sin embargo, desde el CSD no se quiere entrar en una falsa competencia de géneros, sino fomentar los logros españoles en global. «Nosotros promovemos la igualdad en el deporte y las preseas no deben ser el único indicador para medirla -considera Garatachea-; lo que nos gustaría es que fueran los Juegos del deporte español porque tanto hombres como mujeres aumentaran el número de medallas, no porque las femeninas lo hagan a costa de las masculinas».

Es decir, que no debe ser una lucha fratricida sino contra los contrarios. El equipo español será una piña, de eso no cabe duda, y desde las selecciones femeninas tampoco se quiere instaurar una rivalidad poco favorable. «Los resultados de Londres y Río son una tendencia, falta saber si se acentúa o disminuye -concluye Oca-. El valor final de Tokio debe estar en el número de medallas y diplomas que se obtienen conjuntamente entre hombres y mujeres».

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