Las mejores ciudades de España para ver las luces de Navidad

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Una de las cosas más tristes que he visto en mi vida fue una granja, en medio de los bosques de Pensilvania, iluminada con cientos de bombillitas de colores que formaban una gran bandera americana como decoración navideña. En Norteamérica, la iluminación navideña corresponde a los grandes almacenes o a las cámaras de comercio o a los propios vecinos. Las calles no suelen estar iluminadas -salvo en algunas zonas comerciales-, pero todo el que quiera puede decorar la fachada de su casa durante las fiestas de Navidad. Hay quien convierte su casa en una especie de casino de Las Vegas, o en una playa caribeña, o en experimentos alucinatorios en los que un papá Noel parece estar orinando sobre el tejado junto a un letrero con faltas de ortografía en el que se lee «Pease» en vez de «Peace» (algo así como «pas» en vez de «paz»). He llegado a ver un buzón de correos decorado con luces de colores. Y un enorme Bigfoot que salía de una tarta de tres pisos que a su vez salía de la chimenea de la casa.

Pero otras casas y otros edificios consiguen crear una iluminación navideña que puede ser muy hermosa. Si alguien va a pasar la Navidad en Nueva York, le recomiendo que vaya una noche a Roosevelt Island y desde allí mire la silueta de los edificios iluminados del Upper East Side. He visto pocas cosas tan hermosas en una noche de invierno. Allá delante, resplandeciendo en el aire helado, se ve medio Manhattan iluminado: miles de corazones palpitantes, miles de guirnaldas de colores que parecen gritar: «Eh, muchachos, venid aquí. Cogednos si os atrevéis a conquistar el mundo». Y uno extiende las manos y se deja arrastrar por aquellas luces que parecen tener el poder hipnótico de las voces de las sirenas que se oían en la «Odisea». «Venid aquí, acercaos, todo esto puede ser vuestro algún día. Sólo tenéis que intentarlo, sólo tenéis que conquistar todo lo que hay aquí». Recuerdo que Des O´Byrne, que estaba a mi lado, vio las luces de Manhattan y se puso a canturrear «Bright Lights, Big City», entonando un viejo blues de Jimmy Reed que hablaba de una mujer que perdía la cabeza a causa de las «Luces brillantes de la gran ciudad» y abandonaba a su pareja y se dejaba engullir por los fatídicos encantos de aquellas luces que atraían a los ambiciosos y a los incautos y los acababan devorando como si fueran palomitas de maíz.

Ah, las luces brillantes de la gran ciudad. Ah, las luces cegadoras de la iluminación navideña. ¿Quién es capaz de resistir su hechizo? ¿Quién es capaz de agachar la cabeza y mirar al suelo con desprecio, como habrían hecho los poetas bíblicos ante el esplendor pecaminoso de Babilonia o Nínive? Sí, es cierto que hay gente que se opone a la iluminación navideña porque la considera un repulsivo derroche energético y una muestra del más vulgar exhibicionismo capitalista. Pero yo diría que hay mucha más gente que se deja seducir por esa iluminación porque ese mundo atiborrado de luces y de guirnaldas lumínicas parece extrañamente a salvo del dolor y de la angustia y del fracaso.

Caminando deslumbrados bajo los árboles de Navidad resplandecientes, dejándonos cegar por las campanas y los abetos, olvidamos -o creemos olvidar- el «conocimiento de la muerte y la conciencia del fracaso», tal como decía T.S. Eliot en uno de los últimos poemas que escribió, «El cultivo de los árboles de Navidad». Y eso explica, supongo, que la iluminación navideña se haya convertido en una obsesión para los políticos y para los grandes intereses comerciales. Al ver las luces de Navidad, nos sentimos poderosos. Al ver los renos, las campanas, los abetos -o al enorme Bigfoot saliendo de una tarta de tres pisos-, nos sentimos invulnerables. Y al ver las luces de Manhattan que centellean como relámpagos cuando se reflejan en las aguas negras del East River, nos sentimos, una vez más, niños que contemplan el milagro de la luz derrotando a la oscuridad.

Ah, sí, venid aquí, luces brillantes de la gran ciudad. Moved los brazos, cantadme vuestras canciones. Susurradme al oído que nunca seré viejo. Y arrastradme con vosotras hasta el fin del mundo.

Vigo
Este año (hasta el 12 de enero) tienen diez millones de luces LED, 2.700 arcos de luz, 334 calles iluminadas y 465 árboles de luz, pista de hielo, poblado navideño… entre otros elementos. Además, una espectacular novedad: una noria de 60 metros de altura que cuenta con 198.000 puntos LED.

Córdoba
La empresa Iluminaciones Ximénez ha creado un espectáculo de luz y sonido en un túnel semicircular de 188,8 m de largo y cinco de ancho. Se han utilizado 13 km de cordón de luces LED y 960 m de tiras de lámparas flash. Toda la estructura pesa 73.000 kilos y exhibe 556.480 puntos de luz.

Madrid
La novedad es una gran bola de Navidad instalada en la esquina de la calle de Alcalá y Gran Vía. Tiene 12 metros de diámetro, con un peso de 6,96 toneladas,

y dispone de 43.000 leds que puede programarse y crear efectos. Hay tres pases diarios del espectáculo (18.30 horas, 20 horas y 21.30 horas).

Málaga
«El Bosque de la Navidad» es el título de la ambientación y el espectáculo de luces y sonido de la calle Larios. La vía más conocida de la ciudad es estos días un bosque con 22 arcos de 12,8 m de altura y 730.000 puntos de luz. Hay espectáculos de música y sonido a diario, a las 18.30, 20.00 y 21.30 horas.

Sevilla
«Tú enciendes la Navidad», es el lema el Ayuntamiento de Sevilla para el alumbrado navideño. En total, unas 279 calles y plazas contarán con luminaria navideña, con un presupuesto de 955.390 euros. Como ya es tradición, también esta nueva edición de Alumbra va a tener una iluminación especial en la Plaza de San Francisco.

Granada
Una noria panorámica de 50 m de altura, situada en el Paseo del Salón, es la estrella del año.

Zaragoza
El Ayuntamiento de Zaragoza ha multiplicado por cuatro su presupuesto dedicado a la iluminación navideña. En concreto, este año han sido 400.000 euros (en 2020 se llegará a 700.000). En la calle Alfonso I, unas 104.000 pequeñas luces led crean un espectacular techo luminoso. Además, un árbol de luz de 22 metros, diseñado por el aragonés Sergio Sebastián, deslumbra en la Plaza Paraíso.

Valladolid
La iluminación «más elegante de España y probablemente de Europa», según la definió la concejala de Cultura y Turismo, Ana Redondo. Se han iluminado 63 calles con 322 arcos y otros 50 motivos navideños repartidos por toda la ciudad, lo que supone 1.715.000 puntos de luz.

Torrejón de Ardoz
A 20 km de Madrid está el mayor Parque Temático y Paseo Navideño de España. Fue elegida en 2018 la primera Capital Europea de la Navidad, junto a Lieja, y fiesta de interés turístico regional. Este año llegan novedades como Navidad Aventura, para toda la familia; Animales del Arca, una exposición de figuras iluminadas de gran formato, o el Bulevar de Luz. En total, 50 espacios tematizados y otros tantos espectáculos, actividades y atracciones, entre ellas una noria gigante.

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