Redes sociales: cuando sí entran armas pero se vetan pezones

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Usamos sus servicios, pero no son nuestros. Tenemos presencia a pesar de no ser sus dueños. Hablamos, compartimos conocimientos. Hablamos. Creemos que nos pertenecen porque en el perfil aparece nuestro nombre. La realidad es bien distinta: son empresas privadas, en su mayoría bajo una bandera repleta de barras y estrellas. Y sí, tienen sus reglas. Son sus reglas y no se pueden cambiar.

Por eso, en ocasiones, puede llegar a extrañar su comportamiento a la hora de tratar ciertos contenidos. Siempre se menta la aparentemente hipocresía de plataformas como Facebook o Instagram al imponer un dudoso criterio de selección de publicaciones: armas sí se pueden subir pero si se muestra un rescoldo de pezón femenino te arriesgas a ser silenciado. Estas decisiones tienen cabreada a la comunidad de influencer, que se han quejado a lo largo de los años que sus fotos creativas no tienen espacio en estas plataformas.

El debate no es nuevo. Pero, a veces resuena la tormenta. Melo Moreno, «influencer» anteriormente conocida como Yellow Mellow, ha querido liderar un nuevo empuje para criticar la censura en redes sociales.
Todo comenzó cuando publicó en su perfil de Instagram una imagen
en donde aparecía ella en topless junto a tres as de sus amigas. Era una imagen creativa de un viaje a Tenerife, pero sucedía algo: a las jóvenes se les apreciaban los pechos.

Lo que podría ser un simple recuerdo se convirtió en un bumerán contra la censura en internet. La «influencer» lo denunció, posteriormente, en su cuenta de YouTube. «Es una foto bonita del buen rollo de ese momento. ¿Por qué al pecho masculino sí se le permite subir fotos libremente y se censura en cuanto aparece uno femenino? Por eso quise ver qué pasaba. Puse un mensaje de llamada a la acción», puntualizó. La respuesta no pudo ser más evidente: miles de tuiteros y usuarios de redes sociales publicaron la controvertida imagen a mansalva. A partir de entonces, ha conseguido volver a subirla y generar más de trescientos mil «me gusta». Su objetivo, reinvidicar el pecho femenino.

Esta historia, que no deja de ser una anécdota, sucede en más ocasiones de lo que nos pensamos. Son las políticas de uso del servicio, y que han criticado numerosos usuarios, la mayoría, es cierto, residentes en España. Pero hay que entender, sin embargo, la idiosincrasia estadounidense para apreciar los motivos. «Tú estás utilizando una red social que tiene unas reglas, que incluye un apartado relativo a los contenidos que pueden afectar a usuarios.
No es censura, las empresas ponen las reglas del juego», valora a este diario Samuel Parra, jurista experto en derecho digital. Desde la plataforma fotográfica, propiedad de Facebook, se agarran a sus términos de uso: «Ciertos públicos pueden sentirse molestos ante diferentes tipos de contenido (…) eliminamos determinadas fotos de pezones femeninos, pero se admiten las fotos de cicatrices por mastectomías y mujeres».

Estas redes sociales cuentan con un manual interno, que no se suele hacer público, pero sirven para ofrecer los detalles que los moderadores van a concretizar. Ahí se especifica lo que está permitido y lo que no. En el de Facebook, en su día, no se permitía publicar, por ejemplo, fotografías de pezones femeninos, tampoco donde se derraman fluidos. «Me parece bien que se hagan manifestaciones que se reivindiquen actividades occidentales, pero son las reglas del juego que establecen las plataformas; si no nos gustan podemos irnos a otras», subraya. «Ellos (referente a Estados Unidos) tienen otra cultura. Sí se permiten armas, que se publiquen accidentes de tráfico violentos, y tenemos que entender que esto funciona así», añade.

En los últimos años, la mayoría de este tipo de servicios digitales han introducido mecanismos de revisión automática. Controles automatizados que intentan operar casi en tiempo real. Software basado en Inteligencia Artificial que, sin embargo, cometen errores garrafales, como confundir a personas negras con monos o animales con culos. «En la revisión en la que confiaría, con la tecnología que hay hoy, es en la humana. El aprendizaje automático está muy verde. Si es una máquina es muy fácil engañarla. Hay ensayos en donde se ve un koala pero una máquina ve puntos», sostiene.

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