Toni Bou: «Me sorprendo a mí mismo de que cada año tengo ganas de ganar»

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Ha ganado trece títulos mundiales de trial bajo techo. Otros trece al aire libre. Consecutivos. Este último, sin perder ninguna carrera. Es el deportista español con más coronas de la historia. Es el límite de todos sus rivales, incapaces de destronarlo por mucho que copien lo que hace, cómo lo hace, cuándo lo hace, mientras él gana, gana y gana sin más referencias que su propia ambición. Pero Toni Bou no es perfecto. «Soy muy despistado y desconecto enseguida, mucho y muy rápido. A veces demasiado porque luego tengo que obligarme a hacer cosas», sonríe tranquilo en su charla con ABC.

Es el único consuelo que les queda a sus rivales. En la moto, por el momento, es imbatible. Así lo dicen los resultados y su capacidad de reinventarse para defender su trono. No recuerda todas sus carreras, sí las que fueron un título y, sobre todo, las que falló. «Cuando pierdes te acuerdas mucho del momento del error, si te equivocaste en la decisión. Te marca mucho, pero te ayuda a mejorar», concede.

Su mayor error, las prisas después de sufrir una grave lesión en la espalda -se fracturó tres vértebras- que lastró su pasado curso y, en cambio, ha convertido en revulsivo para este. «La lesión me hizo madurar psicológicamente. Me dio por pensar mucho y corriendo lesionado tuve que buscar todo lo que tenía para lograr victorias. He evolucionado. Fue una situación complicada pero aprendí y entendí por qué me lesioné tanto el año pasado, por precipitarme. No había otra, había que empezar en algún momento, pero no estaba físicamente bien y así es más fácil hacerte más daño. Además del físico, hay que recuperar bien la confianza».

La moto es su «pequeña» obsesión. Si no, dice, no habría conseguido todo lo que ha ganado, pero con la lesión también aprendió a estar, simplemente, en el sofá, viendo series a las que se engancha con facilidad, «Dark», «La casa de papel»… Con 32 años le diría a su yo de diez que lo ha hecho muy bien, «que ha tenido mucha suerte porque las decisiones difíciles que ha tomado normalmente han sido bastante buenas». Se conoce mejor a sí mismo, aunque ha pagado su peaje. Incluso ganar desgasta. «Han pasado 13 añazos, duros, con dos campeonatos por año, con lesiones. Me he vuelto más diesel. Eso es la edad. Antes cogía la moto y podía hacer lo que quería. Ahora tengo que calentar porque sé que me puedo romper. Me he hecho mayor y me he hecho mucho daño, recuperas más tarde y hay secuelas. Cuando vea que la cabeza va más rápido el cuerpo será momento de retirarme», confirma.

«Más diesel»
Sin embargo, cuenta con un físico privilegiado: las pesas ni las toca porque enseguida gana músculo y pierde agilidad en la moto, y apenas ha tenido que cuidarlo hasta que los títulos comenzaron a hacerse cicatrices. «Hasta los 25-26 solo iba en moto. Con tantas horas no necesitaba ningún complemento de entreno. Me ponía fuerte con eso. A partir de ahí, y también cuando me rompí el cartílago de la rodilla, empecé a cuidarlo todo, ir en bici, calentar. Sufro porque no me gusta el gimnasio, pero entendí que se necesita, intento ir tres o cuatro días, hora u hora y media». Lo intenta, aunque se le da un poco mal. «No lo hago muy bien. Explicarlo aquí es fácil, pero me cuesta mucho. A lo mejor esta semana me digo ‘ostras, no he ido al gimnasio ni un día’. La moto no me la salto nunca, eso seguro, pero el gimnasio…».

Se reconoce maniático, previsor, capaz de entrenarlo todo. Es, quizá, lo que lo diferencia del resto. «Intento seguir todo paso a paso, no precipitarme en la puesta a punto, dentro de las zonas. Soy muy agresivo y tiendo a mover el cuerpo más rápido que la moto y tengo que utilizar mucho la cabeza para frenar. Cuando voy al tiempo con la moto es cuando me salen bien las cosas. Y eso hay que trabajarlo». Como los reflejos: «Intento equivocarme a propósito para aprender a salvar. Es muy fácil cometer un error en arrancada y la reacción es lo que te lleva a subir o no. Busco sitios que puedan provocar esas reacciones instintivas». O la conexión con la moto: «Con el embrague debemos tener mucho tacto porque acciona muy cerca de la mano y a veces según al temperatura del motor tienes que abrir más o menos el dedo. El feeling también se entrena».

Con veintiséis títulos, mucho más de lo que soñó, «fracasar» es quedar segundo. «Ocurrirá, y cuando pase, mi reacción será levantarme para ganar otra vez. Después de tantos años me sorprende tener siempre más ganas de ganar. El sacrificio, el trabajo y la voluntad te sorprenden de dónde llegan y dónde te llevan, a un límite que no sabes ni dónde está».

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