Un Atlético herido se reencuentra con el Metropolitano

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Todavía en la cama recuperándose de la peor resaca de la era Simeone, la competición doméstica obliga al Atlético a ponerse en pie para reencontrarse con el Metropolitano. Las últimas noches han pasado factura y el recibimiento de la parroquia rojiblanca es una incógnita. En el camino recorrido en las dos últimas semanas se han quedado la Supercopa contra el Real Madrid, tres puntos en Éibar y la Copa ante un Segunda B. El Leganés emerge como invitado de lujo para inusitado escenario, más propio de otra época que de la que se rige por el cholismo, manual que ha guiado al Atlético a los mejores años de su historia y que sin embargo atraviesa por sus horas más bajas.

Los antecedentes de este derbi invitan al optimismo rojiblanco. Desde el regreso del Leganés a Primera, ambos equipos se han enfrentado en siete ocasiones, con tan solo un gol transformado por un conjunto pepinero que no sabe lo que es ganar a su rival. Como local, el Atlético solo conoce la victoria, único desenlace posible si se quiere evitar que el desastre adquiera tintes de cataclismo. Con Barcelona y Real Madrid más alejados de lo que cabría esperar, un tropiezo supondría el adiós definitivo a las aspiraciones por el título. De ser así, se fiaría todo a la Champions, donde espera un Liverpool temible que no cae en la Premier desde hace más de un año.

Para no perder la costumbre, el Atlético llega a la cita con varios jugadores en la enfermería. A las bajas de Giménez, Koke y Diego Costa se suma la de Arias, lesionado en el partido de Copa, y la de Lemar, a quien una gastroenteritis le tiene al margen mientras se decide si continúa o no en el equipo. Las buenas noticias son Trippier, quien volverá a ocupar el lateral derecho, y Morata, recuperado de sus molestias. El interrogante, no para el partido sino hasta el cierre del mercado, es uruguayo y se llama Cavani, tirita que se presupone que taparía la herida originada por la falta de gol esta temporada. «Tenemos una plantilla importante», insistió ayer Simeone.

Los resultados cosechados en los primeros compases de 2020 convierten el duelo de hoy en el Metropolitano en un juicio. Uno de los que se sentará en el banquillo de los acusados será Joao Félix. El portugués, si bien dejó pinceladas de calidad en León, sigue sin demostrar ser capaz de echarse a la espalda la responsabilidad del ataque rojiblanco. Su edad juega a su favor, pero en un río revuelto como el actual puede terminar acaparando las críticas de la grada, más si se recuerda lo pagado por él en verano: los 127 millones ponen más de relieve su pobre rendimiento.

Otro de los encausados será el hasta ahora inmune Simeone. El creador de la maquinaria que tanta gloria ha traído comienza a sentir en la nuca el recelo de una parte de la afición. Después de colocar al equipo entre los mejores del mundo, no cabe otro día a día que mantenerlo en la cúspide, donde desde luego no entra caer eliminado por la Cultural Leonesa. La mejor receta en estos casos suele ser ganar, alivio casi instantáneo de los dolores del balón: «Nos pasó hasta cuando salimos campeones, que perdimos con Osasuna o Almería. Es difícil de explicar», recordó el argentino. En el otro banquillo estará Javier Aguirre, que volverá a verse las caras con el equipo al que entrenó durante más de dos años.

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