Un médico italiano anima a los familiares de los fallecidos por coronavirus a que acudan a los tribunales

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En el día en que se supera la trágica cifra de 30.000 muertos por coronavirius en Italia (exactamente 30.201; de ellos, 243 fallecieron el viernes), un médico anima a los parientes de los fallecidos que no pudieron ser salvados para que acudan a los tribunales. Es sabido que en las unidades de cuidados intensivos de algunos hospitales, sobre todo de Bérgamo, Brescia y Cremona, en la región de Lombardía, los médicos tuvieron que elegir a quién salvar y a quién «condenar». Ahora aporta nuevos datos, el doctor Mario Riccio, 61 años, jefe de Anestesiología y Reanimación del hospital de Casalmaggiore en la provincia de Cremona: «De cada tres pacientes que necesitaban ser intubados, teníamos que descartar a uno», declara al diario la República.

«En nuestro hospital, triplicamos los puestos de reanimación, de 4 a 12. Pero las ambulancias llegaban una detrás de otra, especialmente en la noche, cuando se da el aumento de la fiebre y los problemas respiratorios. Era físicamente imposible intubar a todos. No era posible darles a todos una cama en la unidad de cuidados intensivos. Los que afirman lo contrario creen en los cuentos de hadas. Nuestros recursos no eran absolutamente adecuados. Pero ningún paciente ha sido abandonado. Hemos estado cerca de todos y hemos aliviado su dolor».

El doctor Mario Riccio ha explicado cómo adoptaron las decisiones y qué criterios de «selección» siguieron para intubar en las horas cruciales: «A pesar de la emergencia, nunca tomamos decisiones apresuradas. Consultamos y evaluamos cuidadosamente la condición de los pacientes. Pronto aprendimos que las personas mayores de 80 años con dos o más patologías, no tendrían ninguna posibilidad. En la fase más aguda, en los primeros veinte días de marzo, dejamos de intubar a uno de cada tres pacientes. Los elegimos según su estado general y la presencia de otras enfermedades, siguiendo lo que en las directrices de la Sociedad italiana de anestesia y cuidados intensivos se conoce como «esperanza de vida». Probablemente, si acabamos en un proceso judicial, lo citaremos en nuestro apoyo.

Al ser preguntado por La Repubblica si esperan ser denunciados, el doctor Riccio anima a que los familiares de los fallecidos acudan a los tribunales: «Eso espero. Deseo que lo que ha sucedido se haya registrado para que se convierta en un documento histórico. Al principio, los familiares nos insultaron y nos amenazaron por teléfono. Después sucedió algo, como si ellos también hubieran comenzado a darse cuenta de la enormidad de lo que estaba sucediendo. Comenzamos a recibir pizzas y otros alimentos en la sala».

Mario Riccio asegura que también los médicos tuvieron miedo: «Tengo 61 años y cuando vi a compañeros y amigos llegar al departamento me asusté. Hubo rabia. La idea de no poder salvar a todos es difícil de aceptar también para nosotros».

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