Cada vez que un puesto en la Corte Suprema queda vacante, el encargado de nominar al reemplazante es el presidente. Pero en 2016 algo cambió; una regla impuesta que inhibió esa potestad presidencial y que de la mano de por el líder de la republicano del Senado, Mitch McConnell.

En 2016, el último año de la presidencia del demócrata Barack Obama, el senador por Kentucky McConnell bloqueó el proceso de nominación de Merrick Garland para el puesto en el Máximo Tribunal que quedó vacante tras la súbita muerte del magistrado Antonin Scalia, considerado el conservador más sólido de la corte.

Así, con un movimiento sin precedentes en la democracia estadounidense, logró ‘reservar’ el puesto vacío para que un siguiente gobierno, que en este caso fue del mismo signo político que él, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Tras retener el puesto por nueve meses, el Senado de mayoría republicana se disponía a votar al juez conservador para ocupar el lugar, momento en que los demócratas estallaron con una esperable pataleta que McConnell aniquiló invocando la llamada ‘opción nuclear’, algo que marcó un precedente irreversible para la nominación de un magistrado.

Ahora, tras la muerte de la jueza Ruth Bader Ginsburg y a menos de dos meses de las elecciones presidenciales, McConnell redibuja las mismas reglas que él inventó. Este es un repaso sobre cómo Mitch McConnell, con el aliento de sus partidarios en el Congreso y posterior Casa Blanca de Trump, se convirtió en el artífice, en el ‘diseñador’, de una Corte Suprema a la medida republicana.

Esta es la historia de un juez súper calificado que ni siquiera tuvo una audiencia en el Senado. Todo comenzó cuando el 13 de febrero de 2016, el magistrado Antonin Scalia, un sólido voto conservador en la Corte Suprema, murió en un viaje de caza. Pocas horas después, Mitch McConnell emitió un sorprendente comunicado diciendo que el Senado no consideraría un reemplazo para Scalia hasta después de las elecciones presidenciales… para las que faltaban nueve meses.

McConnell dijo entonces: “El Senado no ha llenado una vacante que surgió en un año electoral en el que hubo un gobierno dividido desde 1888, hace casi 130 años… El pueblo estadounidense debería tener voz en la selección de su próximo juez de la Corte Suprema… Por lo tanto, esta vacante no debería cubrirse hasta que tengamos un nuevo presidente”.

El senador por Kentucky omitió mencionar que el Senado de mayoría demócrata aprobó al juez Anthony Kennedy postulado por el presidente republicano Ronald Reagan en 1988 luego de que su primer candidato, Robert Bork, fuera rechazado por el Senado. Es un caso levemente diferente al que McConnell usó como excusa, porque la vacante había surgido a mediados de 1987.

El Senado solo puede votar si el líder lleva la propuesta a esa cámara. Así, McConnell dejó a la Corte Suprema sin un miembro por más de 290 días en un año de elecciones presidenciales en que justamente ese tribunal puede resultar clave ante un conflicto electoral (como sucedió en la elección entre Al Gore y George W. Bush del año 2000 en la que intervino por una pugna en el recuento de votos en Florida). Además cercenó la potestad de un presidente, Obama, de postular a un juez al Máximo Tribunal.

Obama había nominado a Garland, juez principal de la poderosa Corte de Apelaciones para el circuito del Distrito de Columbia, con intachable trayectoria y un historial de decisiones moderadas, una persona admirada por conservadores y liberales.

“Simplemente les pido a los republicanos en el Senado que le den una audiencia justa y luego un voto a favor o en contra. Si no lo hacen, entonces no solo será una abdicación del deber constitucional del Senado, también (iniciará) un proceso para nominar y confirmar jueces que está más allá de la reparación”, pidió Obama entonces.

Pero el Senado republicano se negó a celebrar una audiencia o votación sobre esta nominación. Esta ‘veda’ sin precedentes impuesta por McConnell se extendió hasta que Trump se disponía a asumir la presidencia de 2017. El puesto fue ocupado por el elegido de Trump, el conservador Neil Gorsuch.

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