Una joven asesinada en Nápoles por su hermano, al oponerse a una relación homosexual

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Una tragedia en Caivano, municipio de 37.000 habitantes a 25 kilómetros de Nápoles, revela la cruda realidad de algunos barrios convertidos en símbolo del poder de los clanes de la camorra, la mafia de la región de Campania, barrios en los que la droga, la delincuencia y la ausencia de las instituciones crean una situación explosiva.

Maria Paola Gaglione, 18 años, murió tratando de escapar en una moto perseguida por su hermano Michele Antonio (30), que quería castigarla por su relación con su pareja transgénero, Ciro Migliore.

Ciro (22), que nació mujer pero dice sentirse hombre desde los 15 años, y María Paola se habían conocido y enamorado hace tres años en el Parco Verde, un barrio pobre símbolo del deterioro, con unos 6.000 habitantes, en el municipio de Caivano. Paola y Cirio tuvieron que sufrir, desde el inicio de su relación, la oposición de la familia de ella. Su amor, nunca aceptado por los Gaglione, terminó trágicamente, en la noche del viernes al sábado.

Maria Paola, en la fuga con Ciro en su scooter, cayó golpeándose la cabeza contra una columna de hormigón para el riego de campos agrícolas cercanos. Según la investigación policial, el incidente fue provocado por Michele Antonio Gaglione, hermano de la víctima, al final de una persecución de unos 16 minutos, gritando a Ciro «te debo matar».

Michele Gaglione, quien se encuentra en la cárcel acusado de homicidio involuntario, ha confesado: «Quería darle una lección, no matarla; había sido infectada por aquella» (en referencia al trans Ciro). Según la familia Gaglione, «Michele intentó convencer a Maria Paola para que retornara a casa, pero no la embistió, fue un accidente».

La madre de Ciro replicó con dureza, acusando a Michele Gaglione de «haber cometido deliberadamente un asesinato, porque no podía soportar que su hermana estuviera saliendo con un hombre trans». Además, mostró su amor de madre al manifestar: «Los hijos se aceptan tal como son».

Ciro, que resultó herido y recibió una paliza tras el incidente, expresó su dolor en las redes sociales: «Mi amor, hoy son exactamente tres años de nuestra relación, tres años de tomarnos y dejarnos continuamente. Tuve mi vida como tú tuviste la tuya, pero nunca dejamos de amarnos. La vida me quitó mi mayor amor».

Numerosas han sido las reacciones políticas de condena por parte de la derecha y la izquierda, así como todas las asociaciones LGBT, que piden una buena ley contra la homotransfobia y la misoginia.

Funeral
En Caivano se oficiaron ayer los funerales por Maria Paola. Su féretro blanco fue cubierto de flores, lágrimas y lamentos. La familia no permitió que asistiera Ciro, que le mandó diseños y frases de amor: «Allá donde te encuentres, mi corazón estará contigo. Te amaré más allá de las nubes». El novio trans escribió un cartel con su firma que los amigos colocaron ante la iglesia: «Corríamos solamente hacia nuestra libertad»; firmado: «De tu grande amor Cirio».

El párroco de Parco Verde, Maurizio Patriciello, quien en lágrimas se tuvo que parar a mitad de la homilía con la voz ahogada en su garganta, había gritado: «No hay lugar para el odio en la iglesia». Ante el ataúd blanco de Maria Paola, en su homilía el párroco imploró: «Señor, recuérdanos que antes de la orientación sexual, el color de piel, la cuenta bancaria, viene la persona humana, creada a tu imagen y semejanza. Perdónanos, María Paola, por no haber logrado proteger tu vida frágil y maravillosa».

La denuncia del párroco
Maurizio Patriciello, sacerdote símbolo de esos barrios pobres y deteriorados a dos pasos de Nápoles, envió en marzo una carta al «Avvenire», periódico de los obispos, en la que denunciaba el drama que se vive en su parroquia en Parco Verde, convertido prácticamente en un gueto con la ausencia del Estado: «Se dice que el Parco Verde di Caivano es ahora sin duda la plaza de tráfico de droga más grande de Italia, quizás de Europa. Aquí vienen a hacer sus compras desde varias zonas. Un montón de dinero sucio, libre de impuestos, fácil. Sobredosis y juventud quemada también. Como es habitual, profesionales con coches de lujo, camisas, corbatas y ordenadores», contó al «Avvenire» Maurizio Patriciello, el párroco de Parco Verde desde hace 30 años.

En este barrio se ha escrito en estos días otra historia brutal de violencia, que ha sobrecogido al país. Ha servido para poner el foco sobre el drama que se vive barrios periféricos dejados de la mano de Dios.

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